Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de mayo de 2019

Pintando sueños

Relato escrito a partir del microrrelato de 100 palabras "Pintando sueños", que publiqué en el juego de la Asociación Solidaria Cinco Palabras.


--------------------------------------


Andrea estaba entusiasmado con el mural que habían pintado en la pared del patio de su colegio. Sentado en el suelo frente a los dibujos se olvidaba de todo lo demás. Su mente volaba y se imaginaba corriendo por campos repletos de tulipanes de todos los colores, mientras las hadas le miraban curiosas desde la pintura. Al fondo, se abría un inmenso mar de aguas transparentes, que se fundían con el azul del cielo en el horizonte. Las sirenas jugaban alegres y nadaban junto a los delfines, alrededor de un barco pirata fondeado cerca de la playa. Un hermoso galeón de dieciocho metros de eslora y una altura de mástil de diez metros, que Andrea no dudó en bautizar como "La perla negra". Casi podía imaginar al capitán Jack Sparrow caminando por la cubierta, mientras ansioso, consultaba su brújula mágica. La misma que no marca el norte, sino la dirección hacia tus sueños más bellos. En el cielo, un inmenso arcoíris enmarcaba la impresionante nave con sus brillantes colores: Rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Todo parecía dispuesto para zarpar y emprender una nueva singladura, una nueva aventura. Quizá, aquella que marcara la codiciada brújula. 
De una esquina del mural apareció un nervioso conejo blanco que clavó su mirada en Andrea. ¡No podía creerlo! Se había escapado del cuento de Alicia. Igual de nervioso que siempre señalaba con insistencia su reloj. 
- ¿Qué quieres? Le preguntó Andrea. 
- Tienes que darte prisa el barco está apunto de partir. - Contestó bastante preocupado el conejo blanco. 
- ¿Hacia dónde va? ¿Tú lo sabes? 
- ¡Claro! Su rumbo es justo hacia el otro lado del arcoíris. Allí donde los sueños se hacen realidad. 
Andrea pestañeo y se frotó los ojos. Mirando a su alrededor se dio cuenta de que las puertas del colegio estaban abiertas, recibiendo a los padres que venían a recoger a sus hijos. A lo lejos vio entrar a su madre y corrió a su encuentro. Abrazado a sus piernas, suplicó: - Ven conmigo, quiero enseñarte algo maravilloso. 
- Siempre dices que quien no lucha por sus sueños es un perdedor, y yo no quiero serlo. Ven, acércate... ¿Oyes sus voces? ¡Mami, son mis sueños! ¿Qué debo hacer? 
Su madre observó los dibujos en silencio durante un largo minuto. Después, se volvió hacia su hijo y acariciando con dulzura su rostro, le dijo: - Sí, cariño, los he oído y están esperándote. Nunca les des la espalda pensando que no son para ti, que no los mereces o que no vas a ser capaz de alcanzarlos. Si lo haces, de nuevo el muro se quedará vacío, se diluirán sus colores y jamás volverán. Nunca renuncies a nada antes de haberlo intentado, ¿me oyes? ¡Nunca! Así que, mi amor... ve por ellos. 
Una explosión semejante a una supernova lo iluminó todo. Por fin estaba dentro atrapando sus sueños. 





Mural pintado en el colegio Peñalara de Collado Villalba 

miércoles, 17 de octubre de 2018

El frío invierno de la vida


Sentado en una silla a la entrada de la casa, José, como cada mediodía, esperaba paciente a que su mujer terminara de arreglarse. Y es que ella conservaba intacta su coquetería femenina y le gustaba acicalarse delante del espejo antes de salir a comer.
Un poquito de brillo en los labios y una rayita azul junto a las pestañas para dar un poco de alegría a la mirada.
"Que ni los vecinos ni nadie en la calle sepa de mis tristezas. ¡A nadie le importan!. Hay mala gente que, por delante te pone cara compungida, te da golpecitos en la espalda y luego, por detrás, critica y disfruta con los males ajenos. Además, tampoco me van a solucionar nada" solía decir. José torcía el gesto. "Condenada mujer si vas a tener razón" Pensaba para sus adentros.
- Carmen, date prisa o llegaremos tarde. Ya sabes que se forman largas colas y luego nos toca esperar al segundo turno, y yo, ya no estoy para aguantar tanto rato.

Los años y la vida se les habían echado encima a los dos. Cincuenta años de casados cumplirían en Diciembre y, sus vidas habían cambiado tanto, que ya apenas recordaban todos los sueños que se quedaron rotos en el cajón. Aún así, con los ochenta y dos años de José y los setenta y nueve de Carmen, que jamás reconocería aunque le clavasen astillas entre las uñas, todavía se las arreglaban para vivir solos en su casa.
Una casa vacía de los hijos que tuvieron y que, ya hacía tiempo que volaron del nido. María, la pequeña, trabajaba en una galería de arte en Boston. Junto a su marido George, un ingeniero americano, vivían en una preciosa casa con un enorme jardín, por donde ya empezaba a corretear el pequeño Andrea. Dos añitos y medio, había cumplido. En las fotos que María les envió por correo electrónico, pudieron constatar que el niño, se parecía a su abuelo. Al menos, eso decía la abuela. “Ha salido guapo el nieto, tiene tu cara. La de antes, ahora estás viejo y arrugado” le decía con una media sonrisa.
Después, junto al documento gráfico, unas letras:
“Que si tenéis que venir… Que si estamos buscando la manera de ampliar la casa…Que si tenemos planeado hacer una pequeña construcción en una zona del jardín, para que podáis tener vuestro espacio… Un dormitorio, con una pequeña cocina y un cuarto de baño independiente para que estéis cómodos... Que ya os iremos diciendo... Que ir a España para veros está complicado porque George tiene mucho trabajo… Que lo sentía mucho, pero que estarían en contacto.” Y luego… “Que… ¿Qué tal todo…? ¿Que si estaban bien de salud? Y que un beso…” Carmen suspiró mirando a su marido. 

– Todavía no hemos podido conocer y besar a nuestro nieto. Acuérdate de lo que digo, eso no va a suceder. No nos quieren allí. Somos viejos y les estorbamos.
José entornaba los ojos recordando los sacrificios que habían hecho, para que su hija hubiera podido estudiar su carrera en Madrid; muy por encima de lo que se podían permitir, pero trabajando duro para conseguirlo.
Lo mismo que lucharon para ayudar a Carlos, el hijo mayor. Tanto, que dieron todo lo que tenían y más. Toda la vida tratando de sacar adelante ese pequeño negocio que José heredó de su padre, y que luego, él, puso en manos de su hijo. Pero Carlos no supo hacerlo y lo arruinó. Lo perdieron todo, hasta su propia casa. El hijo, además, en su mala cabeza y en una huida hacia adelante, firmó pagarés por cientos de miles de euros. Una locura que lo llevó a poner pies en polvorosa. Hacía diez años que apenas sabían nada de él. Por algún conocido averiguaron, que andaba por Francia trabajando en hostelería.
El caso es que, Carmen y José se habían quedado solos en una casa silenciosa y fría. Sobre todo, fría en invierno cuando había que tener apagada la calefacción, porque la pensión no daba para más, ahora que también, tenían que pagar el alquiler de la que un día fue su casa en propiedad. Y tampoco llegaba para la comida caliente del mediodía, porque si comían, no podían comprar los medicamentos que necesitaba José. Así que Carmen, cada día, se pintaba una rayita azul entre las pestañas y una sonrisa brillante en los labios. Escondía en el fondo de su bolso todas sus tristezas y agarrando a su marido del brazo, se bajaban a un comedor social que había a tres paradas de un tranvía, que no cogían.
Si salían con tiempo… no tendrían que esperar al segundo turno. 







Publicado en Poémame:


Premiado en el I Concurso de Relatos Breves Poémame y BarcelonActua y publicado en la antología.







Publicado en el libro antología:
ESTAT CIVIL?
VOLUNTARI@




sábado, 27 de mayo de 2017

Demasiado tarde



Se resentía de su rotura de menisco y el peso de las bolsas con las viandas para la cena, sumado a los tres escalones de entrada a la casa, le estaban matando.
Hoy era el aniversario de boda y quería sorprenderla con una cena romántica, que sirviera de catapulta para remontar ese distanciamiento que sufrían. 
Sería una sorpresa para ella, acostumbrada a su poca o nula memoria para las fechas que son importantes recordar.
Una noche para disfrutarla en el cenador del jardín. Un buen vino, las estrellas y ese farol de testigo... harían el resto. Sólo necesitaba parar un segundo el tiempo, para decirle algo que hacía demasiado tiempo que le debía.
Sonó el móvil. Era ella.
- Hola… tengo guardia, no me esperes esta noche. 
- ¿Hoy? ¿Justo esta noche? - Preguntó sorprendido y contrariado - Es nuestro aniversario. Esta vez no me había olvidado. ¿Tú sí?
Un silencio que duró más de lo debido, se adueñó del teléfono.
- No, no me había olvidado. En todos estos años, nunca lo olvidé. -Dijo ella al fin.
- Había pensado en preparar la cena en el jardín. Estaremos bien y podremos hablar tranquilamente como hacíamos antes.
- No creo que sea necesaria ninguna celebración. Pero tienes razón en una cosa; tenemos que hablar. - Añadió ella en un tono serio y firme.
El silencio de nuevo pesaba como una losa.
- Sólo necesitaba esta noche para decirte... que te quiero. - Dijo él, casi con un hilo de voz.
Al otro lado del teléfono, una respiración entrecortada anunciaba el llanto contenido de ella.
- Yo he necesitado saberlo y sentirlo, cada día y cada noche durante todos estos años. Te volviste frío, distante, lejano. Has llenado tu vida y tu mundo, entre tu trabajo, tus amigos, tus aficiones... Incluso con alguna aventura de la que nunca pensaste que me entraría. Contaban sólo tus sueños, tus proyectos y te olvidaste de los que podíamos compartir. 
Tras las palabras de ella, de fondo, se oyó una voz masculina saludando a su llegada.
- ¿No estás sola, verdad?
- No.
- Te quiero
- Yo ya no. Es tarde para nosotros, lo siento.
Y el teléfono… enmudeció su voz para siempre.





Publicado en:

martes, 16 de mayo de 2017

Amar no era suficiente



Las paredes de amarillo chillón daban un aire estrafalario a la estancia.
La mujer atendida por los servicios sanitarios, repetía lamentándose -¡Amar no era suficiente!- mientras se pasaba un pañuelo por la cara.
La mesa baja estaba cubierta de ajo machacado y en el suelo había un pañuelo impregnado con algún tipo de anestesia.
Desde la ventana abierta, se podía ver tirado en la calle el cuerpo inerte del hombre.

- ¿Qué ha ocurrido? -Le preguntó el subinspector

- Amar no era suficiente, quería morderme y llevarme con él al mundo de las tinieblas. Creí que el ajo le espantaría y se marcharía. También intenté anestesiarlo, pero sólo se mareó un poco. Después salió por la ventana.

- Usted le aplicó ese pañuelo y luego lo empujó. Ha sido un asesinato. ¿Es eso?

- Nooo! Se fue volando como hace siempre. Pero volverá y querrá morderme.

- Su marido está muerto en la calle.

- ¡Imposible! ¿Le han clavado una estaca en el corazón?

El subinspector suspirando se paso la mano por la calva. 

- ¡El muerto se ha ido! - Apareció gritando un policía

- ¡¿Qué?!

- ¡No se lo va a creer! Un compañero lo vio levantarse, se le acercó y le dijo: “¡Mujeres!... no hay quien las entienda”. Después dio dos pasos y convertido en un murciélago se fue volando.

- ¡Se lo dije! - Gritó la mujer. - Ahora se tirará toda la noche mordiendo cuellos y volverá al amanecer. ¡¡¡Ve usted lo que tengo que aguantar!!! 






Publicado en www.cincopalabras.com 

jueves, 6 de abril de 2017

Anocheciendo contigo, vida







Cuando un anochecer y un amanecer se unen, el Universo de la Vida cobra todo su sentido.
En sus manos acoge serena, a ese pequeño ser que amanece a la vida.
Blanco, puro y sin mácula, contrasta junto a su piel gastada, cuarteada por el tiempo y las batallas.

- Niño mío, yo te guardo. 
Tu corazón naciente, pegadito al mío ya cansado. Así, latiendo juntos. Tu entrando y yo saliendo, en ese minuto regalo, que nos da la vida, para decirnos hola y adiós, entre besos y abrazos.

- Me gusta estar entre tus manos. No me dejes, necesito que me muestres el camino que debo tomar para no caer.

- No tengas miedo, estoy aquí para entregarte suavemente a la vida. Tu vida. 
Será como si de un vals romántico se tratara. Acunadito mi niño, sin prisas; suave y dulcemente, meciéndonos juntos.

Después me iré, porque mi vida ya la recorrí. Las arrugas y los surcos de mi piel, reflejan el camino andado. Los sueños cumplidos, los que pasaron de largo. Las alegrías y las penas. Las soledades a solas y las compartidas, que son las que más duelen. Los silencios, las ausencias, los miedos, los dolores. 
Lo que disfruté y lo que me ilusionó. Todo lo que aprendí y lo que olvidé. Todo lo que amé y lo que me amaron. Lo que entendí y lo que no logré entender. 
Porque, ¿Sabes una cosa? Nunca llegarás a saberlo todo. Nunca aprenderás lo suficiente, para desterrar el dolor de tu corazón. Porque niño mío, vivir duele.

- Entonces llévame contigo, no quiero sentir dolor.

- No, mi niño. La vida es hermosa y has de vivirla. Tu corazón está preparado para sentir y amar la vida. Deja que crezca en ti ese amor y únelo con el de las personas que te rodean y con el de las que están por llegar a tu vida.

- Y tú, ¿Por qué no te quedas siempre conmigo?

- Yo ya viví, mi niño. Este es el testigo que te entrego, ahora es tuyo.
Que cuando tu piel se escriba de arrugas como ahora la mía, puedas decir... He vivido y ha sido hermoso.



Relato publicado en Gente Yold, el 10 de septiembre de 2016
http//genteyold.com/anocheciendo-contigo-vida/


Publicado en Poémame:
http://poemame.com/m/prosapoetica/anocheciendo-contigo-vida-1

miércoles, 5 de abril de 2017

Hechizado




Un frío intenso le calaba hasta los huesos. El abrigo de paño fino de Samantha, no servía para aplacar la tiritona, que hacía chasquear sus dientes. Después de una noche atroz, donde hasta el Alma que no tenía quedó hecha trizas, la desapacible mañana en Bruselas, estaba resultando ser un auténtico martirio. Al frío se unieron las primeras gotas de lluvia, de este mes de Febrero que comenzaba. Aceleró el paso, las gotas cada vez más frecuentes, aventuraban que iba a caer una buena. Además, debía llegar a tiempo para deshacer el hechizo. Quizá, sólo así podría recobrar la paz. La paz eterna. Como eterna estaba siendo su desdicha. 
En sus recuerdos, se aglutinaban varios siglos vividos de tormento. Jamás, en todos ellos, consiguió un amor duradero. Anoche, su querido Liam, le confesó que estaba enamorado de otra mujer. Recogió sus cosas y se marchó del apartamento que compartían. Así, sin más, de nuevo y después de un año de relación, volvía a estar sola. Sola por toda la eternidad. Ese debía de ser su castigo. Un castigo impenitente, para una bruja que siglos atrás, cometió un error, castigando a un niño que no dejaba de importunarla. “¿¡Cómo podía saber, que ese niño, era sobrino del célebre brujo Glanmore Peakes!?”
Anoche, después de que Liam se marchara para siempre y ella quedase, una vez más, en la desesperación que le producía verse de nuevo abocada a la soledad; recibió una visita. Un ayudante del brujo, hombre de baja estatura y contrahecho, le descubrió  el motivo de su infortunio en el amor. Si quería recuperar el amor de Liam, debería deshacer el hechizo que hizo siglos atrás, al sobrino de su jefe.
Ahora ya lo sabía, conocía el motivo de tanto tormento y estaba decidida a recuperar la paz. ¡Por fin sabía cómo conseguirlo!

La lluvia arreciaba. Había poca gente por la calle y la que había,  caminaba deprisa en busca de refugio. Le pareció que esta circunstancia facilitaría las cosas. Que el lugar estuviese limpio de curiosos turistas, le ayudaría a que todo se desenvolviese con mayor discreción. 
Por fin, llegó al pequeño rincón, donde se situaba la fuente rodeada por una verja. En lo alto, la pequeña estatua de sesenta y un centímetros. La figura de un niño desnudo, orinando dentro de la fuente.
Después de tantos siglos, recordaba el momento en que, con un conjuro, lo convirtió en estatua. “Ya nunca más lo encontraría orinando en la puerta de su casa”, se dijo. ¡Cómo disfrutó contemplando su obra… y cuánto lo lamentaba ahora…!
Miró a su alrededor. La lluvia era aún más intensa y se encontraba sola y empapada frente a la estatua. Sacó de su bolsillo, la pequeña y vieja varita, que hacía tiempo se prometió no volver a utilizar. Cerró los ojos mientras el agua mojaba su cara y susurrando unos sortilegios ininteligibles, giró la varita dos veces en el sentido de las agujas del reloj. Un instante después, al abrir los ojos, vio al niño bajando con dificultad del pedestal. Tras ella, sintió una presencia y su aliento en la nuca.
- Vete, ya has hecho lo que debías.
Sin mirar atrás, siguió su camino. Al girar la calle, resguardado bajo un porche, vio a Liam. Con la bolsa de su ropa en el suelo y entre las piernas, tenía los brazos cruzados y la mirada perdida.
Corrió hacia él. 
- ¿Volvemos a casa? -Le dijo.
Liam, la miró confundido.
- No sé qué estoy haciendo aquí, ni porqué llevo toda mi ropa en esta bolsa. Sólo sé, que te he echado de menos.
Ella, le besó en la boca. Y tirando de él, corrieron juntos bajo la lluvia camino a casa.

A la mañana siguiente, después de una noche de amor maravillosa, Liam despertó a Samantha, llevándole el desayuno a la cama en una bandeja, junto con una flor colocada sobre el periódico.
Se recostó a su lado. Ella tomó la flor y agradecida, lo besó tiernamente.
Después Liam, cogió el periódico mientras ella daba cuenta del desayuno.
- ¡Vaya! Han robado el Manneken Pis. -Dijo viendo el titular de la portada. – “Parece ser que la estatua fue sustraída durante la mañana de ayer. A pesar de que el robo, sucedió a plena luz del día, nadie fue testigo de lo ocurrido.”– Siguió  leyendo.
- ¡Qué cosa más rara!
- Tampoco es tan extraño, ayer llovía mucho y la calle estaba desierta. Fácil que nadie viera nada – Dijo Samantha 
Liam, se encogió de hombros. Poco recordaba de lo sucedido, desde la noche que salió de casa con su ropa metida en una bolsa. Por otra parte, había decidido que no le importaba. Estaba donde quería estar; junto a ella. 
- Será eso, brujita mía. ¿Sabes?, yo nunca voy a desaparecer. Estaré contigo para siempre.
Samantha, lo miró con dulzura. Seguramente él, nunca sabría el verdadero sentido de la palabra “siempre”. Pero si esta vez su relación de amor funcionaba, un día tendría que explicárselo todo. Un día tendría que hacerle entender, que sí… que de verdad... era una bruja.








Publicado en Gente Yold, el 11/Marzo/2017
http//genteyold.com/cuentohechizado/ 


Publicado también en

martes, 4 de abril de 2017

DESDE LA DISTANCIA






Con las manos en los bolsillos de su gabardina y el sombrero calado hasta las cejas, caminaba lentamente por la calle.
Llovía con fuerza pero no le importaba. En el suelo se formaban grandes charcos, que buscaba intencionadamente pisando fuerte sobre ellos.
Paró frente a un escaparate, donde una pantalla gigante, emitía un vídeo musical que no podía oír.
En la imagen reconocía a la cantante bailando una coreografía muy sexy.
Dos bailarines le acompañaban y sujetándola por debajo de los brazos, la levantaban una y otra vez.
Sonreía recordando lo poco que pesaba; prácticamente una pluma para aquellos dos fornidos y musculados muchachos.
Cuando estuvieron casados, él podía llevarla en brazos por toda la casa, hasta acabar en la piscina los dos, entre arrumacos, pasión y deseo.
¡Qué lejos quedaba ya lo que fue su vida...!
Lo había perdido todo, su trabajo como actor, su familia, sus amigos; a sí mismo y sobre todo a ella.
Ese último viaje le alejó para siempre.
Ajustado el cinturón de seguridad, el avión emprendió su vuelo a ninguna parte. Una explosión, una luz muy fuerte cegó sus ojos, y se acabó.
Ahora vagaba bajo una lluvia que no le mojaba y entre unos charcos que no salpicaban sus pantalones.
Y mientras, ella, bailaba tras un cristal.