https://cincopalabras.com/2022/02/27/causa-del-mes-de-marzo-ayepu-ayuda-entre-pueblos-ayepuayuda/
Por los ángulos ignotos
de los límites del tiempo
he buscado en la memoria
el instante y la partícula
origen de mi consciencia.
Se nace cual libro en blanco,
sin el número preciso
de unas páginas sin mácula
ni los golpes que en el pecho
sufrirá mi corazón.
¿Quién ha cuadrado el balance
sin atreverse a vivir?
No es posible ser un ángel
sin que hayas entendido antes
que a cada aliento de vida
inherente es el dolor.
No hay pasado sin un verso
del que no ruborizarse.
Del futuro nada sé;
ni indulgente me asegura,
por incierto, mi llegada.
-Por amor de Dios levántate.
-Un poco de empatía que me estalla la cabeza.
-Sal de la cama debemos irnos.
-Vale, haya paz y no grites, por favor.
-¿Sabes qué día es hoy?
-¿El día de la amistad entre perros y gatos?
-Esto no es un juego, Daniel.
-De acuerdo, cariño.
Sin ganas se levantó arrastrando los pies hasta el cuarto de baño. El espejo devolvió una imagen irreconocible: Su cara destrozada y cubierta de sangre. El terror le invadió.
-Hoy hace un año que nos asesinaron en esta misma habitación -dijo ella. Los nuevos inquilinos están en el jardín.
(… Hasta aquí 100 palabras. Publicado en la Asociación Solidaria Cinco Palabras)
Continúa…
No se había dado cuenta hasta ahora. En el pecho de ella la sangre teñía de rojo su camisón blanco. ¿Realmente estaban muertos?
-Debemos irnos -insistió ella. Una nueva familia va a ocupar la casa y están a punto de entrar.
-Quiero verles -balbuceó aturdido cruzando el dormitorio y saliendo al pasillo.
Se asomó desde la barandilla; estaban abajo en el salón.
-Parecen felices.
-Comienzan una nueva vida, tienen ilusiones igual que las tuvimos nosotros -susurró ella con tristeza.
-Y unos criminales entraron en nuestra casa, acabaron con todas esas ilusiones y ahora estamos muertos -gritó él entre lágrimas.
Dime, ¿quién lo hizo?
Ella entorno los ojos.
-¿Qué pasa? ¿no lo descubrieron? ¡¿Es eso?! -Su nerviosismo iba en aumento.
Volvió a mirar hacia abajo. Era un matrimonio joven y ella estaba embarazada. Atendían a las explicaciones del arrendador. Todo parecía estar en orden.
Reconoció al casero. Un tipo simpático, quizá demasiado simpático. Siempre le resultó un pesado.
-No nos dio tiempo a defendernos -dijo ella. A ti te golpearon con una barra de hierro en la cara. Moriste en el acto. Luego fueron a por mí. Me violaron y, después, me dispararon en el pecho. Borraron todas las pruebas y se deshicieron de nuestros cuerpos ocultándolos en los cimientos de una obra bajo toneladas de hormigón armado. Jamás nos encontrará nadie y nunca descubrirán a quienes lo hicieron.
-No puede ser que nuestro asesinato quede impune. Alguien tuvo que ver u oír algo –añadió con desesperación y buscando en los ojos de ella una respuesta. Pero los suyos estaban fijos en la escena que acontecía en el salón.
-Lo peor es que la historia se volverá a repetir. Ellos correrán nuestra misma suerte.
Él la miró horrorizado. Quiso tocar su mano imaginando todo lo que tuvo que sufrir antes de morir. Entonces se dio cuenta hacia quien dirigía su mirada. Con insistencia y con rabia seguía cada movimiento del casero.
-¡Fue él!, ¿verdad?
-Iban borrachos, el casero y su socio entraron con su propia llave. Dormíamos, no tuvimos ninguna oportunidad; ellos tampoco la tendrán. Debemos irnos, Daniel.
Entre alaridos de impotencia, él bajo hasta el salón. Quería golpear, rodear con sus manos el cuello del casero y apretar con todas sus fuerzas hasta estrangularle, pero no pudo hacerlo. No pudo ni siquiera tocarlo. Tampoco supo cómo advertir del peligro que les acechaba a los nuevos inquilinos. Era dolorosamente injusto, pero estaban muertos y no podían hacer nada.
Un mes después mientras la pareja dormía en su habitación, una llave giró dos veces dentro de la cerradura y la puerta de la casa se abrió entre las oscuras sombras de la noche.
541 palabras en total
La locomotora anunció su llegada. Dos personas esperaban en el andén. El hombre cubierto con sombrero y gabán negro escuchaba al otro.
-Debes viajar sin ser visto. En la próxima estación subirá al tren. Que no advierta tu presencia. Sólo cruzareis vuestras miradas en el último momento.
En otra estación alguien hacía planes. Algún día viajaría a la ciudad de sus sueños, visitaría su histórico palacio y sus museos. Abrazaría y besaría más. Los “te quiero" saldrían generosos de su boca... Algún día -pensó.
No entendió que la vida nunca espera. La muerte siempre subirá una estación antes que tú.
Bloqueos internacionales paralizando transacciones comerciales marítimas; convenios y tratados saltando por los aires. El Banco Central Europeo colapsado. Comunicaciones electrónicas, digitales y analógicas, saboteadas. Satélites artificiales fuera de control. Un mercado internacional muerto. Países quebrados, empresas cerrando una tras otra. Escasez de productos básicos; saqueos, robos y violaciones en aumento. Los ejércitos preparándose para la destrucción total.
El indicador luminoso de averías decía: E-2023
Se equivocó poniendo al mando y otorgando el libre albedrío de aquellas piezas aparentemente más desarrolladas. Si actuaba con rapidez, el virus definitivo provocaría un reset que salvaría al resto de elementos esenciales para la vida.